martes, 8 de octubre de 2024

Encontrando Propósito en Dios

En Mateo 19:16-22, un joven se acerca a Jesús y le pregunta qué debe hacer para heredar la vida eterna. Jesús le responde que debe guardar los mandamientos. El joven asegura que ya los ha cumplido desde su juventud y pregunta qué más le falta. Jesús le dice que si quiere ser perfecto, debe vender todas sus posesiones, darlas a los pobres, y luego seguirlo. El joven, triste por la respuesta, se alejó de Jesús, aferrado a sus riquezas y sin poder soltar lo que realmente le impedía seguir el camino hacia la vida eterna.

No soy adicto a las drogas, al tabaco, ni al alcohol. Mi adicción son los logros, los aplausos y el reconocimiento, llenarme de cosas, que la gente me tenga en buena estima, tener un currículum interesante, para competir con otros y sentir que al menos por hoy les gané. Esto me ha traído felicidad y ha sido mi intento humano de llenarme de “algo” que me trae satisfacción.

«No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.» Romanos 12:2 (NTV)

Me escribo este mensaje a mí mismo, por si en algún momento olvido que, sin Jesucristo, todo mi esfuerzo y carrera frenética no me llevaron a ningún lugar.

FUE COMO SALIR DE LA MATRIX: ENCONTRAR EL PROPOSITO DE DIOS

Y es que me di cuenta de que lo único que me llena y me da propósito es ser un instrumento en las manos de Dios; ya no quiero hacer mi retorcida voluntad (por más buena que parezca), sino que Dios inunde mi mente con sus pensamientos. Ya hice mis caminos, recibí aplausos y alcancé lo que entendía como éxito y fui "feliz". Me llené de cosas y también di consejos, hasta ayudé a los demás e hice el bien. Pero todo lo hice para intentar llenarme a mí mismo. El problema es que esas cosas nunca me llenaron por mucho tiempo; todo cae en un saco roto, un espíritu que me engaña. Y al vivir engañado sin Cristo, me iba a dormir en la cima del éxtasis, solo para darme cuenta de que volvía al punto de partida y necesitaba más, más y más. La próxima vez debía lograr algo más grande aún, para obtener más aplausos, reconocimiento y logros: la droga de mi vida. Y así descuidaba mis relaciones, mis amistades, mi familia; ya no visitaba a nadie, ni me preocupaba tanto por los demás, el centro del universo era yo.

Aunque en ocasiones decía que lo hacía para Dios, en realidad lo hacía para mí mismo, y ese era mi mayor engaño creer que Dios estaba en mi vida.

Empiezo a entender lo que algunos maestros del evangelio vienen afirmando hace siglos. Hoy los comprendo. El éxito humano podrá venir o no, y quizás seas pobre toda tu vida o rico no lo sé, pero la miel de la vida es la Palabra del Señor, nuestro gozo y nuestra paz en medio de las tormentas de la vida. No dejemos de pedirle a Dios discernimiento y sabiduría

«Este pueblo de labios me honra;
Mas su corazón está lejos de mí.»
Mateo 15:8 (RV1960)

También me di cuenta de que vencer la carne es tomar una decisión, no es un acto mágico, ni se trata de orar mucho, ni de ayunar; es una acción donde me determino a dejar de hacer las cosas que me separan de Dios. Como cuando vas al médico y te dice: "Usted tiene el hígado graso, debe dejar de comer mal." Si sos un paciente sincero y te preocupas por tu vida, ese mismo día tomarás una decisión sin dar muchas vueltas. Pero cuando Dios nos dice que dejemos de pecar, para vivir una vida con Él, teniendo nosotros al Espíritu Santo que es Dios morando dentro de nosotros empezamos a dar vueltas y a justificarnos como si deseáramos la muerte y vivir una vida sin Dios mas que cualquier cosa.

«Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.» - Gálatas 5:16 (RVR1960)

«Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.» - Gálatas 5:17 (RVR1960)

VIVIR EN ORDEN ES UNA DECISION

Como buen cabeza dura, me costó unos años dentro de la Iglesia entender que Dios desata su poder cuando vivimos una vida en obediencia, es decir, en santidad. Sin el orden que me da la santidad, estoy desconectado de Dios y expuesto al poder de la carne y a sus consecuencias también. ¿Quiero orar con poder? ¿Quiero predicar con poder? ¿Quiero salvar gente? ¿ó quiero vivir como me gusta a mí?. Dios tiene caminos perfectos, pero para estar seguro de que ando en ellos, primero debo morir a todo lo que amo y derribar mis ídolos.

«Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.»
Mateo 16:24 (RVR1960)

«Y los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» 
Gálatas 5:24 (RVR1960)

No seamos como el joven rico, que cumplía con todos los mandamientos, pero prefirió seguir el camino de sus riquezas en lugar de seguir a Jesús. Hoy es un buen día para examinarnos y llevar a cabo una dura pero necesaria cirugía de nuestro ser, que consiste en pedirle al Espíritu Santo que nos revele qué se esconde en el fondo del lago de nuestro corazón. ¿Será el amor al dinero, el alcohol, la búsqueda de la fama, el poder, el sexo, la violencia, la mentira...?

¿Qué ídolo te detiene hoy de seguir a Jesucristo?


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