martes, 1 de octubre de 2024

El Llamado Inesperado: Mi Encuentro con Jesucristo (Parte 1)

 

EL LLAMADO INESPERADO

«Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.»
Jeremías 33:3

A menudo me guardo muchas cosas, especialmente cuando se trata de temas espirituales. Tengo amigos que no conocen a Dios, o al menos no han tenido un encuentro verdadero con Él. Algunos no creen, y otros han creado una imagen de Dios que se les acomoda a su vida. Yo también solía tener un dios a mi medida, uno con el que me sentía cómodo, hasta que un día el verdadero Dios, Jesucristo, se me reveló. No fue una experiencia cercana a la muerte, ni estuve en peligro, pero fue un momento sobrenatural que cambió mi vida. Me di cuenta de que hasta ese día creí en un dios falso, uno que yo llamaba Jesús, pero que en realidad no lo era.

Ese día comprendí que mi vida espiritual era una farsa, y aunque siempre había dicho que creía en Dios, en ese momento comencé a creer de una manera completamente nueva. Desde entonces, no me quedó ninguna duda: Dios es real.

EN PLENA CAMPAÑA POLÍTICA

Por aquel entonces, estaba muy metido en política. No era raro verme tocando puertas, pero no para hablar de Cristo, sino para convencer a la gente de votar por algún político. Hoy doy gracias a Dios por haberme sacado de esos lugares.

Un día, junto a mi amigo Elio, nos tocó ir a un barrio complicado. Aunque el lugar no era malo, su cercanía a boliches nocturnos y la falta de iluminación lo hacía difícil. Los autos mal estacionados, los jóvenes borrachos y las calles a oscuras eran el pan de cada día, y los vecinos estaban hartos. Sabíamos que nos enfrentábamos a mucha hostilidad.

"VAMOS A ORAR"

Como soldados saltando de un helicóptero hacia una zona de guerra, el chofer nos dejó en la entrada del barrio y se fue. Elio y yo nos quedamos ahí, con nuestras libretas y panfletos en mano. Sabíamos que los vecinos no estarían de buen humor, y antes de avanzar, Elio me dijo: "Clau, ¿querés que oremos?". Lo miré, sorprendido, y dije: "¿Qué!?". Me repitió: "Me gustaría orar antes de empezar". En un principio me pareció exagerado, pero lo reconsideré. "Quizá tenga razón", pensé. Así que nos acercamos a unos árboles y cada uno hizo su oración. Al menos, comenzamos más tranquilos.

UN DÍA DIFÍCIL, PERO PUDO SER PEOR

Aquel día fue complicado. Los vecinos estaban muy molestos por el abandono del barrio. Escuchamos muchas quejas, todas válidas. Pero todo era dentro de lo esperado, hasta que llegamos a la última casa.

LA CASA HUMILDE Y LA GRITONA

Era una casa de ladrillo sin revocar, cercada por un alambrado sencillo. Adentro, se escuchaba a una mujer gritando órdenes. Mi primera reacción fue no llamar, pero Elio insistió. "Aplaudamos al menos", me dijo. "Mejor pasemos de largo, no escuchás cómo grita", le respondí. Aun así, golpeamos las manos. Yo lo hice "así nomás", esperando que no saliera nadie. Me alegre que no escucha nuestro llamado y rápido nos dirigimos a cruzar la calle. Cuando ya nos íbamos, un grito nos detuvo. La mujer gritona había salido y nos llamaba.

EL COMIENZO DEL FIN

«Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.»
Salmos 139:1-4

Me apresuré a ir, temiendo que fuera agresiva. Sin embargo, al ver que llevaba puesto un buzo de una cooperativa municipal, me relajé un poco. Inicié mi discurso político, pero tras unas pocas palabras, me miró fijamente y me interrumpió: "Vos sos un hijo de Dios". Al escuchar eso, pensé con desgano: "¡No, me tocó una evangélica!". Pero antes de que pudiera reaccionar y ver cómo me la sacaba de encima, ella repitió: "¡Vos sos un hijo de Dios!". Y luego, añadió: "Y veo a una madre sufriendo por las cosas que hacés". Eso me golpeó. Algunos pensarán que es una generalidad, pero para mí, fue el inicio de algo mucho más profundo.

Lo siguiente que dijo fue lo que más me marcó: "Dios te está buscando, y no estás haciendo nada". Me lo repitió tres veces. En ese momento, entendí que el dios que yo me había fabricado era falso. El verdadero Dios me estaba llamando ahí mismo y no era para felicitarme.

A partir de ahí, me habló de cosas privadas, cosas que solo yo podía saber, detalles de mi vida que nadie más conocía. También me habló de lo que vendría en mi futuro. Estaba tan desconcertado que intenté entender cómo esta mujer sabía tanto. Mis pensamientos corrían para todos lados, intentando desesperadamente hallar una explicación. Me desespere, suprimí el llanto, no sabía cómo procesar todo lo que había escuchado.

Parecía que hasta ese punto todo había terminado, pero aún quedaba más por revelarse. También le hablaría a mi amigo Elio...

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